Martir del Deber Claudio Fernando Pérez Toro

Los Cuerpos de Bomberos en Chile son, casi todos, Instituciones de una larga trayectoria que les identifica y que se fundamenta, principalmente, en la historia y en las tradiciones de los mismos. Cada uno va guardando con singular esmero, orgullo y satisfacción, los pasos dados y los logros obtenidos, quedando éstos insertos “con letras de oro en las páginas de la historia“, como decimos, románticamente, los Bomberos.

Sin embargo, existen también las páginas negras, esas que jamás quisiéramos tener que escribir y que el destino, cuando menos lo esperamos así lo determina y nos obliga a esta dolorosa tarea.

Tan desgarrador como el sufrimiento de una madre al perder un hijo, similar angustia se vive en la Institución cuando uno de los suyos cae en el cumplimiento del deber, en un acto de servicio. Y ese dolor y esa angustia es la que hoy, a veinte siete de ocurrida, traspasamos a la historia, al rememorar el trágico fallecimiento del Bombero Honorario, Maquinista y Consejero de Disciplina de la Tercera Compañía, señor,

CLAUDIO FERNANDO PEREZ TORO (Q. E. P. D.).

 

Un ya lejano 05 de Abril del año 1965 llegaban a su fin los sueños de un niño como tantos otros. La ilusión de esos años mozos, el vestir el uniforme y convertirse en Bombero, ya era una realidad. Desde ese día, Claudio ingresaba a la Tercera Compañía del Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar para, desde sus filas, servir a los demás, como siempre había sido su anhelo.

Incorporarse y entregarse de lleno a su vocación fue todo uno y su entusiasmo y dedicación sumado a su afán de cooperación llevaron a la Compañía, el mismo año de su ingreso, a considerarlo como integrante de la Comisión Calificadora de Premios.

Lo anterior, junto con destacarse por su especial interés en capacitarse y aprender todo lo concerniente al trabajo bomberil, ya entre sus iguales comenzaba a nacer y a vislumbrarse un líder innato.

El año 1966 asume por primera vez la responsabilidad de ocupar un cargo en la Oficialidad, desempeñándose como Ayudante en forma interina.

Su gran motivación y responsabilidad para con el cumplimiento de sus obligaciones lo lleva, el año 1967, a ser distinguido por primera vez con el Premio de Asistencia General, distinción que vuelve a adjudicarse en forma brillante, los años 1969 y 1970. Ello le hace acreedor a la Medalla Especial de Asistencia. El mismo año, califica el Primer Premio de Compañía, por cinco años de servicios.

El año 1968 vuelve a prestar sus servicios en la Comisión Calificadora de Premios, para, a partir del 1º de Enero de 1971, empezar a ocupar el cargo de Teniente 2º, rango en el cual le cupo una destacada labor desde los primeros minutos posteriores al violento terremoto que sacudió el país, la región y nuestra ciudad, la noche del Jueves 08 de Julio de 1971.

El eficiente desempeño como Bombero y sus responsabilidades particulares, como trabajador y estudiante, Claudio las compartía adecuadamente, distribuyendo su tiempo equitativamente, sin descuidarpor ningún motivo, el gran amor y cariño que profesaba a sus padres y hermana, a quienes comentaba con especial entusiasmo su quehacer bomberil.

Todos los aciertos ya descritos no fueron suficientes y el año 1972, muy a su pesar, Claudio se ve en la obligación de alejarse de la que él denominaba “mi querida Tercera”. Pero, más pudo el cariño y el fuerte amor por esta vocación nacida en su infancia que, tras doce años de tensa espera, con indescriptible alegría, se reincorpora a la Tercera Compañía un 03 de agosto del año 1984.

Iniciaba una nueva etapa, con mayores bríos, más maduro, pero con el mismo entusiasmo y entereza de sus comienzos. La Compañía así lo reconoce y le asigna la responsabilidad de ocupar el cargo de Teniente 1º, a partir del 1º de Enero del año 1985.

Los brillantes resultados no se hacen esperar y Claudio se encarga de trasmitir todo su entusiasmo al personal más joven, preocupándose al mismo tiempo de su capacitación, como de las inquietudes de los mismos. Sin importar el problema, en Claudio, fuera quien fuera, siempre se encontraba al amigo dispuesto a escuchar, a entregar un sabio consejo si era preciso o un simple apretón de mano, ese sencillo, pero significativo gesto que reconforta y que en él era tan común, como parte de su identidad. Esa cualidad, que le nacía desde el fondo de su corazón era fácil de percibir, porque para Claudio, los problemas de todos eran sus propios problemas. De ahí el cariño y aprecio que supo ganarse en todos quienes le conocimos.

De igual forma, Claudio dejaba en claro que ingresar a Bombero y cumplir eran para él un solo compromiso. Primero aprender, para luego como Oficial, enseñar a los más nuevos las técnicas bomberiles, empaparles de su dinamismo y entusiasmo, preocupándose siempre de inculcarles el espíritu de trabajo y muy en especial, un gran cariño por la Tercera.

Guardaba para si, en forma interna y para el momento oportuno, su más preciado anhelo: el poder conducir algún día las Unidades de su Compañía.

El temple y la convicción que Claudio ponía en sus aspiraciones y metas, le llevaron a participar en los Cursos necesarios para perfeccionarse, logrando su designación como Maquinista en el año 1985. Primero, como conductor de las Unidades convencionales y luego, en 1986, de las Unidades 4 x 4 del tipo forestal.

Así era Claudio, siempre dispuesto a sacrificarse, a entregar lo mejor de sí en su afán de servir…de ser mejor.

Los méritos sobran y como lógica consecuencia, la Tercera Compañía lo distingue nombrándole su Capitán, a partir del 1º de enero de 1986. No obstante, la acertada gestión cumplida en los años 1987 y 1988 su aporte lo entrega en calidad de miembro del Consejo de Disciplina de la Compañía. El año 1987 califica el 2º Premio de Compañía y el 1er. Premio del Cuerpo por diez años de servicios, siendo reconocido como Miembro Honorario.

Siempre en la preocupación por atender las inquietudes de los demás y satisfacerlas dentro de sus posibilidades, Claudio fue uno de los principales gestores de la idea de realizar periódicamente Academias de instrucción en los barrios de la ciudad, con la participación directa de los vecinos.

Ello, como una mejor forma de darnos a conocer y acercarnos más a la ciudadanía. Por esa misma razón y como una manera de compartir la alegría por la celebración del Aniversario Nº 94, el Ejercicio Demostrativo con que culminaban las actividades conmemorativas, se programó para el día Domingo 05 de junio del año 1988, en la cancha de fútbol del sector de Granadillas, en Miraflores Alto, para lo cual la Compañía se preparó con gran entusiasmo.

El día indicado, la alegría se apoderaba del personal y contrarrestaba la fría y nublada mañana. Desde muy temprano se dispuso el material para el armado de la cancha de ejercicio. Por su parte, la Unidad 31 del tipo forestal, para demostrar sus cualidades como vehículo todo terreno, debía subir una pequeña pendiente en desnivel, maniobra que se repitió en varias oportunidades. Convencidos de la efectividad del movimiento, se dispuso que la Unidad volviera al Cuartel a buscar al resto del personal de la Compañía.

Antes de retirarse, acorde a su manera de ser, Claudio decidió hacer una última pasada por el irregular terreno, para cerciorarse que todo resultaría a la perfección.

Efectivamente, fue su última pasada. Allí terminaron los preparativos. En pocos segundos, lo que se perfilaba como una mañana plena de alegría y camaradería, se convirtió en tragedia. La dura y cruel realidad: la Unidad 31 volcada de campana y en su interior, entre los fierros retorcidos, el cuerpo sin vida de su Maquinista….Claudio Pérez Toro, junto a otros dos jóvenes Voluntarios: Dennis Olivos Olivos y José Luis Castillo Céspedes, quienes, por voluntad divina, lograron escapar con vida, sólo con lesiones menores.

Se cumplía de esta forma, un profético comentario que Claudio hiciera en más de una ocasión, en esas amenas y largas tertulias bomberiles: “Viña no tiene ningún Mártir. Ojalá nunca los tenga, pero si los tiene, el primero voy a ser yo….”

Narrar todo lo vivido a posterior, no hace más que reabrir una herida que nunca ha cerrado. Recordar la imagen de su cuerpo inerte y su rostro sereno, nos llevan a comprender que Claudio, hasta el último segundo, entregó su vida feliz y orgulloso de hacerlo al volante de una de las Unidades de su querida Tercera…

Desde ese mismo día y en los días siguientes, comenzaban a cosecharse los frutos que, con su trayectoria, Claudio había sembrado. La Institución toda empezó a vivir su duelo y de inmediato se hicieron sentir a nuestro lado, la presencia de tantos y tantos amigos. Las Compañías Hermanas de Canje: la Primera, del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa y la Cuarta, del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, por las cuales Claudio siempre demostró un especial aprecio y cariño, se trasladaron hasta el Cuartel de la Tercera para estar junto a nosotros y compartir el pesar que hacían propio.

De igual manera, autoridades bomberiles y Cuerpos y Compañías de Bomberos de ciudades vecinas, como también de los lugares más apartados de Chile, nos hacían llegar más de un centenar de mensajes consentidas expresiones de pesar.

Por su parte, autoridades de gobierno, regionales, provinciales y comunales, representantes del Ejército, Armada, Carabineros y Policía de Investigaciones de Chile, sumaron sus condolencias y en general, la ciudadanía toda, incluyendo al más modesto y humilde de sus vecinos, nos hizo sentir su apoyo, comprensión y cariño. De todos estos espontáneos y sinceros gestos de solidaridad, mención especial debemos hacer a la Comunidad de Miraflores Alto, quienes, siendo testigos presénciales de la tragedia, ese mismo día, acordaron erigir un Monolito recordatorio en homenaje al Bombero Mártir, promesa cumplida exactamente en un mes, al inaugurarlo el día 05 de Julio del mismo año.

De igual forma, un gesto realmente conmovedor fue el que tuvo el Sargento de Carabineros, Motorista de la Guardia Presidencial y Voluntario de la Tercera Compañía de Bomberos de Quillota, señor Manuel Gamboa P.

Encontrándose de vacaciones, al enterarse de la infausta noticia, el Sargento Gamboa se apersonó a su Unidad y solicitando la debida autorización de sus superiores, escoltó con su vehículo policial, todos los traslados de féretro: primero, desde el Instituto Médico Legal de Valparaíso hasta el Cuartel, luego, desde la Tercera hasta la Iglesia de los Padres Carmelitas, para, finalmente, escoltar a su amigo Claudio, hasta la última morada.

La Tercera Compañía ha comprometido su gratitud por siempre, para con todos quienes nos dieron a entender su reconocimiento por el sacrificio de uno de los nuestros, el que no fue en vano en el sentir de la ciudadanía, homenajes todos, muy merecidos por Claudio.

El día lunes 06 de junio se vivió otra, quizás más dura y emotiva jornada. Durante todo el día comenzaron a arribar delegaciones de Cuerpos de Bomberos desde diferentes puntos del país, para rendir su postrero homenaje, ante la severa capilla ardiente instalada en el Cuartel de la Tercera Compañía, para a posterior, trasladar los restos mortales a la Iglesia de los Reverendos Padres Carmelitas, donde se dio inicio a la ceremonia fúnebre que contó con la asistencia de más de un millar de fieles.

En la oscuridad de la noche, acompañados por el lamento del ulular de la “paila” y fúnebres sones marciales de las Bandas instrumentales que los acompañaban, mil quinientos Bomberos iluminados por sus antorchas, desfilaron hasta el Cementerio Parroquial de Caleta Abarca para dar su último adiós a Claudio, en una columna que alcanzó más de veinte cuadras de largo, trayecto en el cual se hacía oír el espontáneo aplauso de los transeúntes, quienes, con respeto y recogimiento detenían su andar para unirse a nuestro duelo, en un funeral sin precedentes en la historia de la comuna de Viña del Mar.

En el campo santo, antes de depositar sus restos en el Mausoleo de la Compañía para su eterno descanso, públicos y emotivos mensajes de agradecimiento a lo que fue la trayectoria bomberil de Claudio, se hicieron escuchar:

El Director de la Primera Compañía de Bomberos de Ñuñoa, en emocionada intervención, en una de sus partes, expresó:

“En los umbrales de la gloria, nuestro espíritu se agiganta y quienes contemplamos la consumación de un ideal, somos sabedores que algún día el holocausto será nuestro y experimentamos una pena inmensa al despedir al compañero, al amigo, que nos señala la meta en el cumplimiento de nuestra promesa del deber, que voluntariamente nos hemos impuesto.”

Por su parte, el Director de la Cuarta Compañía de Bomberos de Valparaíso, con sentidas palabras entregaba sus condolencias:

“Hacemos llegar, a los queridos Hermanos Tercerinos, nuestros sentimientos de pesar ante tan lamentable pérdida. Estamos con la opinión de los Bomberos todos, que el genio del ideal lo ha canonizado y ha rodeado su cabeza con la aureola que le corresponde como Mártir auténtico del entusiasmo por la actividad bomberil. Su espíritu fortalecido por la satisfacción del deber cumplido, seguramente estará en estos momentos invocando al Divino Hacedor para que dé luces y fuerza a los Conductores de esa querida Compañía Hermana y la lleven así con segura mano, al pináculo del concierto bomberil.”

La despedida, por parte del Director de la Tercera Compañía, en comprensible emoción, señalaba:

“Hoy, Claudio, tus compañeros de la Tercera venimos a despedirte físicamente, pues ninguno podrá sacarte del corazón; tantas cosas que quisiéramos haberte dicho, pero, la tristeza nos embarga y nos nubla la vista y la mente. Puedes estar seguro que no claudicaremos en mantener viva esa llama que tú nos enseñaste a portar” y aludiendo a parte de una estrofa del Himno de la Tercera Compañía, concluyó: “Será honor para un Tercerino, si la vida pudiese brindar”.

Al evocar tan amarga jornada, sólo nos consuela el comprobar que la presencia de Claudio se mantiene latente entre nosotros. Porque su forma de ser y su fuerte personalidad le permitieron este merecido privilegio: que la Tercera le recuerde y le honre. ¿Su herencia? Sus principios, las convicciones y los valores intransables como la disciplina, la constancia y principalmente, la amistad, esa que siempre supo darnos a todos por igual.

Todas esas cualidades, inspiradas desde su generoso corazón, hicieron aún más doloroso su alejamiento de esta vida, más, no dudamos al pensar que, desde el Cuartel Celestial, Claudio nos continúa acompañando, velando por el engrandecimiento de su querida Institución, para que ésta siga cumpliendo con su delicada tarea de cuidar vidas y bienes ajenos.

 

  

 

A veinte nueve años de su partida, queremos agradecer una vez más todo lo que Claudio fue capaz de entregarnos con su ejemplo. Que el mandato que reza en el lema de la Compañía “Abnegación y Constancia” y su permanente preocupación, renueven nuestro entusiasmo para continuar en la tarea y en el compromiso de servir, tal como él lo habría hecho, en el transcurso de los años.

 

Claudio,

Con nuestros corazones destrozados ese fatídico 05 de junio de 1988, prometimos no olvidarte jamás. La promesa está cumplida y la seguiremos cumpliendo, tan sólo quede un Tercerino con el corazón y la sangre verde, tal como tú decías, cuando orgullosamente te identificabas.

En tu memoria nos esforzaremos por ser mejores. Juntos, quienes tuvimos la suerte de compartir contigo y los más jóvenes, que sólo te han conocido por tu trayectoria, todos, meditaremos sobre tu valioso ejemplo, dispuestos incluso, si es necesario, a imitar tu sacrificio.

Continuarás por siempre junto a nosotros y con el mismo orgullo y la misma emoción, firmes, en respetuoso silencio, seguiremos escuchando la voz del Oficial, al requerir tu nombre al llamado de la Lista:

 

Voluntario Honorario, Maquinista y Consejero de Compañía, Claudio Fernando Pérez Toro

¡¡ PRESENTE…………MUERTO EN ACTO DE SERVICIO!!

 

Tus Camaradas de Ideal.

 


 

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 01 Octubre 2018 02:50

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.

Volver